Recuerdo, vagamente, aquellos tiempos de instituto en los que el sexo comenzaba a abrirse paso en mi vida. Recuerdo que un día, una de mis amigas se acercó al grupo y nos preguntó aquella pregunta que abre un nuevo tema de conversación para siempre en todas las quedadas: "¿vosotras os masturbáis?" Nadie contestó de inmediato. Todas empezamos a desviar la mirada y a mirarnos unas a otras con una sonrisilla. Sinceramente, me esperaba que todas lo hubieran probado, pero me sorprendió ver que había ciertas reticencias al respecto:
"¡Oh, no!, me da asco" "¿Yo? ¿Meterme los dedos ahí? ¡quita! ¡quita!" En su día me lo pregunté hacia mis adentros y hoy en día, aquellas mujeres que niegan hacerlo, me traen el mismo pensamiento: "¿será verdad?" No las culpo. Sigue habiendo muchos tabúes en nuestra sociedad respecto al sexo. Y me da pena, porque se tiene la imagen de que el sexo, siempre que se salga de lo que denominan "normal" (coito tradicional en pareja), está tachado de sucio, guarro, pecado y todos los males habidos y por haber. El sexo es una práctica sana que se puede practicar tanto individualmente, como en pareja, en trío o en grupo. Todo depende de tus inquietudes y de tus propios principios y/o tabúes. Todos nos hemos masturbado alguna vez, es un hecho, otra cosa es que queramos reconocerlo. Y a todos nos gusta. Si alguien dice que no se masturba -salvo que esté practicando algún voto de castidad o por decisión propia- miente.
"Recuerdo que cuando volví a casa, me metí en el baño, me la miré y empecé a tocarla. Me daba gusto así que seguí. Noté como se incrementaba la sensación y quería sentir más, aunque me daba miedo lo que podía pasar. Justo cuando me acercaba al climax, vinieron mis padres y del conjunto de sensaciones, puse todo perdido. Menos mal que la puerta estaba cerrada." - "Yo, en cambio, empecé porque vi gesticular a unos chicos en un campamento como se la meneaban. Me entró curiosidad y cuando llegué a casa me puse manos a la obra. Al principio paraba antes de llegar por miedo o por desconocimiento, pero tras un par de veces, llegué"- Me comentaban unos amigos tomando un café - "Me daba mucho asco manchar, pero merecía la pena pagar ese precio" ¿Sinceramente? Les envidio. Recuerdan perfectamente ese momento. Yo lo tengo bastante difuso y no sé en qué momento exacto empecé a masturbarme. Lo que si recuerdo es el sentimiento que me rodeaba, de no saber si lo que hacía estaba bien, si era ético. Todo estaba tapado bajo un velo secreto y aún no existía internet. Pero me gustaba esa sensación, a parte de que me relajaba, así que bien o mal, yo seguía haciéndolo. Años después, descubrir que era una práctica normal supuso un gran alivio. Y hasta ahora, sigo practicándolo sola y en compañía de mi pareja.

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